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¿Qué actitud debemos fomentar los profesionales en época de crisis?

 

1181215916_0Pilar Cambra, Redactora jefe de Expansión, sugiere qué actitud ante el trabajo debemos fomentar los profesionales en época de crisis. El artículo fue publicado por en Expansión &Empleo el pasado 10 de octubre de 2008.

Una crisis económica no es el Apocalipsis… ¿O sí?… Evidentemente, para quien es despedido o no encuentra ocupación, el paro se parece bastante al fin del mundo, al fin de su mundo. Con todo el miedo, la ansiedad y la desesperación que ello supone.

Pero en tiempos duros, incluso los que se sienten seguros en su puesto de trabajo -«se sienten» he escrito; lo que no significa que «lo estén»- pueden verse afectados por lo que yo llamo el «síndrome del no vale la pena»… Nada nuevo bajo el sol de la historia del laboreo humano: ese síndrome que tiene como síntomas el desinterés profundo por el desempeño profesional, la falta de fuerzas para currar hasta la extenuación cuando el porvenir se antoja más que incierto, la irreprimible atracción que ejerce la chapuza -«total, lo mismo me va a dar terminar este encargo con perfección que dejar flecos»- es muy viejo. Abundan los testimonios fiables sobre el fenómeno, sobre esta ley -no escrita- del mínimo esfuerzo cuando las estructuras empresariales se tambalean y nuestra esperanza de ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente es cada vez más precaria…

Precisamente este año se recuerda, en muchos ámbitos, el nacimiento, hace dos mil años, de Pablo de Tarso -San Pablo, para los católicos, el «apóstol de los gentiles»- y, por ello, sus escritos, sus cartas, sus «epístolas», tienen más lectores de los habituales… Pues bien: resulta que, entre los primeros cristianos, entre las comunidades paganas que Pablo evangelizó, comenzó a cundir el convencimiento de que «el fin de los tiempos» era inminente, de que el Apocalipsis se acercaba a pasos agigantados y que, en consecuencia, lo mejor era dejar de sudar y de trabajar: no valía la pena…

Y, así, esas primeras comunidades cristianas se dieron a la molicie y a la chapuza, se tumbaron a la bartola a esperar que sonaran las trompetas del Apocalipsis… Pablo de Tarso -de quien es la contundente sentencia «quien no trabaje, que no coma»- tomó recado de escribir y mandó avisos a los perezosos milenaristas… ¡Pues bueno era el de Tarso, que se ganó la vida fabricando tiendas de pelo de cabra!…

¿Qué vino a decir a los del «síndrome del no vale la pena»?… Más o menos que, primero, nadie sabía la fecha exacta del «fin de los tiempos» -como, por otra parte, nadie sabe cuándo amainarán estos malos tiempos nuestros-; pero que, mientras llegaba o no llegaba la trompetería del Juicio Final, lo que había que hacer era currar con todo empeño, con todas las ganas y con todas las potencias y sentidos… Porque lo pavoroso no era el advenimiento del fin del mundo; precisamente, lo que debía hacer temblar a los cristianos era que, se acabase el mundo cuando se acabara, les pillara mano sobre mano, perdiendo el tiempo y haciendo mal, a desgana y chapuceramente, lo que debían hacer.

¿Por qué, diantres, hay que poner toda la carne profesional en el asador cuando el «expediente de regulación de empleo» planea sobre casi todas las cabezas?, ¿no es más lógico tomárselo todo con calma y tomarse muchos cafelitos?… Pues yo creo que no, que no es lógico; primero porque, cuanto más se deteriore la «calidad» del trabajo de quienes ha bendecido Dios con la ocupación, más rápidamente puede deteriorarse, en bloque, la empresa que nos paga -aún- el sueldo; y segundo -y fundamentalmente- porque, si es bien cierto que uno no es una organización de beneficencia, que uno trabaja para ganarse sus garbanzos y los de su familia y que la tarea bien realizada sirve para marcarse tantos ante los jefes y los colegas, no me parece menos verdad que la mayoría de los currantes tenemos nuestro corazoncito, nuestro pundonor y, si trabajamos bien, lo mejor posible, también lo hacemos para poder reposar cada noche la cabeza en nuestra almohada sin sombra de vergüenza, sabiendo que hemos hecho lo que teníamos que hacer, independientemente de lo crudos o malos que sean los tiempos. Vamos, creo yo…

El viernes por la noche volví a ver, con motivo del medio siglo de actividad de la Agencia Espacial norteamericana, la NASA, una película de tan escaso éxito en taquilla como riquísima en calidad: Elegidos para la gloria. Basado en un texto de Tom Wolfe, el film relata la historia real del reclutamiento, adiestramiento y odiseas de los primeros astronautas… Y si lo que se cuenta es verídico, ¡menuda lección la de estos elegidos para la gloria!: todos los candidatos se someten a las mismas torturas, a la misma crueldad del entrenamiento, trabajan hasta perder idéntico resuello, sabiendo perfectamente que sólo algunos de ellos subirán hasta las estrellas…

Ninguno pisa el freno, ninguno se deja cazar por la desgana aunque comprueben que alguno de sus competidores es mejor que él en varios terrenos. Aprietan los dientes y siguen hasta ser elegidos o preteridos. Y es que, en castellano, el título de esta obra de Tom Wolfe es Lo que hay que tener… ¿Tener?: eso que está usted pensando, sí: eso que está usted pensando…

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2 Responses to “¿Qué actitud debemos fomentar los profesionales en época de crisis?”

  1. maria de lourdes barsallo, agente de ventas Vease Paama 21 octubre, 2008 at 8:57 am #

    Pues bien, tù como empresario, y te respeto lo que hayas logrado. Yo como funcionaria, te advierto, que todo eso que dices es verdadero, pero util si lo compartes con tu personal, si los reconoces verdaderamente como colaboradores y no como holgazanes por los caules tienes que pagar una planilla, si los vez como inversiòn y no como gasto. Si te preocupas de lo que piensas mas allà de su rutina de trabajo, si te preocupas de sus problemas y si eres parte de sus soluciones un poco mas allà que la paga de su salario. Si conviertes a tu empresa y su personal en tu familia y no en tus posibles competidores. Què tal? Esto que piensas debe salir del cajòn, debe compartirse con ellos, transmitirselos, apegate a aquel que te escucha y ponlo como tu complice en el sublime intento de amar al pròjimo. Me incluyo en el error de no dar suficiente amor todos los dìas, me enchoclo, pero esoy consciente. Pero, a veces, escucho gente que endilga en los demàs la responsabilidad de cambiar al mundo sin revisarse asì mismo, No creo que sea tu caso, pues escribir ya es un intento. Pero, no se està haciendo lo suficiente por cambiar el espiritu del hombre, que sigue en un eterno y peligroso primitivismo, homo erctus recien liberado destruyendo todo a su paso, no? Cambiar el mundo en el que nos movemos, cambiar nosotros, es el primer paso. Si nos piden acompañar un metro acompañar un kilometro, Quièn le habla a los niños, quien comparte con los ancianos, quièn visita a los enfermos, quien incluye al discapacitado, Me incluyo, no lo hacemos, pero estoy consciente. No pidamos lo que no damos en abundancia. Porque, un hombre motivado vale por dos y eso que pides lo logra la Motivaciòn y el Buen Liderazgo, no es preciso buscar mas que en tì mismo y aunque el Mundo diga otra cosa, la confianza viene de tì, no del mundo y sobrepasa todos los obstàculos cuando hay una Motivaciòn que nos impulsa, de hecho es la base de la publicidad, pero es necesario una labor de conciencia, pues la direcciòn no es afortunadamente para todo el mundo, son unos privilegiados, los demàs estàn hechos para seguir como manada, no?..Entnces, cambiar su abatimiento y apeo a lo seguro, requiere de programas y politicas amplias y bien enmarcadas, no es su culpa, la economìa que asegura ganancias para unos cuantos nos quita impulso, nos uniforma, nos vuelve masa, No es asì? Entonces si multiplicas 2×2 debes esperar que el resultado siempre sea 4, no? Es un buen artìculo, vale la pena pensarlo para revisarnos, todos.. Un gran Gusto en compartir contigo, saludos, Lourdes.

  2. admin 8 febrero, 2016 at 10:59 am #

    Muchas gracias por tus comentarios. El artículo no es de SIGMA sino de Pilar Cambra.

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